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2 de febrero de 2021

El mejor modo de conservar el embutido

El mejor modo de conservar el embutido

Los embutidos son imprescindibles en la gastronomía mediterránea. Se trata de producto muy apegado a la tierra y las tradiciones populares que ya en su proceso de producción incluyen métodos que favorecen su conservación.

Sin embargo, una vez que están abiertos van a sufrir procesos de putrefacción que se aceleran si no se ponen medios que lo impidan. Con estos consejos te mostramos cuáles son los pasos a seguir para conservar el embutido.

Embutidos frescos

Las butifarras, el jamón dulce o la catalana, que son embutidos frescos y cocidos, necesitan temperaturas bajas, de 3 a 6 grados centígrados en la nevera, y el mejor modo de protegerlos es envolverlos en papel parafinado. Si la temperatura baja de esos 3 grados, pueden congelarse, y si sube, pueden aparecer bacterias que proliferan rápidamente.

Una vez abiertos estos embutidos deben consumirse en un plazo de tres a cuatro días, y deshacernos de ellos si no están suficientemente frescos.

Embutidos curados

Para los embutidos curados, lo recomendable es dejarlos fuera del frigorífico, en lugares frescos y ventilados, sin incidencia directa de la luz solar y con cierto grado de oscuridad. Cuando se cortan en lonchas, su nivel de salinidad aumenta y su sabor es más intenso, van perdiendo la textura original.

Siempre que sea posible hay que colgarlos hacia abajo y evitando que las piezas se toquen entre sí. En zonas con temperaturas altas no queda más remedio que guardarlos en el frigorífico, siendo aconsejable utilizar un trapo de algodón humedecido y escurrido.

Cuando se abren hay que hacer lo mismo que comentamos. Así, el mejor modo de conservar el embutido curado es colgado con la parte del corte hacia abajo y tapado para que no entre en contacto con el aire. Antes de taparlo con papel se puede pasar un poco de aceite de oliva para que conserve su sabor original y utilizar film transparente.

Las lonchas ya cortadas se guardan en el frigorífico, junto a la leche y derivados lácteos, con una temperatura de 4 a 8 grados, y colocando las rodajas una sobre otra y envueltas en papel film transparente.

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